Sexo anal: psicología, sociedad y cultura

El sexo anal es una de las tres formas de actividad sexual más usuales. Sin
embargo, no es común que las personas expresen o reconozcan su práctica, en
general, por pudor.

¿Qué dice la psicología?

El sexo anal es una de las formas de mantener relaciones sexuales con mayor
tabú a lo largo de la historia, incluso aún en la actualidad. En el desarrollo de la
teorización sobre la práctica de sexo anal en la historia de la psicología si
mencionamos esta temática indudablemente pensamos en el fundador del
psicoanálisis, el médico y neurólogo austríaco Sigmund Freud.
En su obra el autor austríaco interioriza y desarrolla postulados teóricos acerca
de la sexualidad humana, que son base en la práctica clínica psicológica y en el
psicoanálisis, aún hoy en día.
En este punto se visualizan dos vertientes que puedan explicar este
sentimiento de vergüenza: el tabú de hablar sobre la sexualidad en sí misma y
el asco o repugnancia que puede producir el sexo anal.

¿Perversión?

Para adentrarnos al concepto de sexo anal, debemos iniciar en la concepción de
la existencia de multiplicidad de desviaciones de la sexualidad, en relación al
objeto sexual y al acto sexual.
Para Freud, el fin sexual en la normalidad es la relación coital que conduce a la
descarga de tensión con el fin de la procreación. Aún así en el sujeto, este acto
abarca más elementos que la genitalidad en sí misma, tales como besos,
caricias, contemplar a la pareja.

En este punto, no hay que perder de vista que si bien Freud denomina
perversión a todo acto que no conduce al fin sexual de la normalidad, el
término no tiene connotación moral alguna. La palabra refiere a una desviación
del fin específico. En este sentido, categoriza las perversiones en:

  • transgresiones anatómicas que se desvían del destino específico de la
    unión sexual.
  • detenciones en las relaciones preliminares.

Para la valoración psicológica, no se limita una relación sexual a la genitalidad,
sino a la corporalidad. De acuerdo con esta postulación, el sexo oral también es
una perversión.
Si bien es una práctica que, de acuerdo con el autor, puede provocar
repugnancia, es posible superarla gracias a la libido. Inclusive los genitales al
estar próximos al aparato urinario, pueden generar la misma sensación, y del
mismo la libido se encarga de vencerla.
Tal es el caso en el sexo anal, cuya resistencia puede estar vinculada a esta
repugnancia por tratarse el ano del órgano encargado de secretar las heces. Es
importante añadir que la penetración anal no se encuentra limitada ni es una
característica del acto sexual homosexual, sino que se trata también de una
práctica en parejas heterosexuales.
Es así que se puede decir que el sexo anal tiene la característica de poder
llevarse adelante no sólo de una forma lineal y heterosexual (penetración de un
hombre a una mujer), ya que no es necesario el órgano genital pene, sino que
permite la utilización de elementos externos (juguetes sexuales), lo que facilita
la diversidad de parejas y la individualización de la práctica.

El mito como factor socio-cultural

Es la media que los hombres rehúsen de ser estimulados analmente, dado a que
social y culturalmente, se asocia el sexo anal con la homosexualidad. Este
mito ha derivado en prejuicio frente al sexo anal vinculado a la homofobia.
Desde los grupos religiosos a lo largo de la historia de la humanidad, se ha
rechazado y condenado a quienes practicaban el sexo anal, ya que
consideraban que se introducía el pene en un órgano que no era el
naturalmente destinado, por lo que tal práctica corrompía a las personas al ser
una desviación del fin sexual normal (Freud así lo llamaría) que es la
fecundación.
Actualmente es poco usual que un hombre heterosexual admita sentir placer
por ser estimulado de forma anal. Inclusive, muchos de ellos rechazan a
intentarlo, dado a la creencia de que conlleva al cuestionamiento de su
orientación sexual.
A estos hombres les resulta de mayor comodidad admitir la práctica cuando
son quienes penetran a una mujer durante el sexo anal. Inclusive en algunos

casos por razones culturales y sociales, el verbalizar expresiones sobre
penetrar a un varón homosexual y jactarse de su condición de “macho”.
Pues esto está intrínsecamente relacionado con la creencia de que, si se es
quien penetra, no es homosexual, ya que, contemplando el contexto
sociocultural machista, el rol pasivo al momento de la práctica sexual (quien
recibe la penetración en este caso), es a quien se considera homosexual. Pues lo
heterosexual “macho” está dado por el rol activo, es decir quien penetra.
Es claro que todo este constructo se trata de un mito que rodea al sexo anal.
Para mayor claridad definimos a la orientación sexual como “el tipo de
atracción sexual y romántica que una persona siente hacia otra u otras, según el
sexo y género”.
Entonces, una persona homosexual es quien siente atracción sexo-afectiva por
personas del mismo género; por lo tanto, no tiene ninguna injerencia la
práctica del sexo anal en relación a la orientación sexual.

Repensando, repasando

Según Freud el instinto sexual debe afrontar las resistencias que mencionamos
previamente vinculadas al pudor y la repugnancia, elementos que se oponen a
las perversiones.
Por medio de la práctica psicoanalítica es como Freud llega a dar cuenta de las
variaciones que se dan en las excitaciones sexuales en la zona anal y cómo a lo
largo de la vida persiste un grado de excitabilidad genital.
Se puede referir que el ano es una zona erógena, esto quiere decir que su
estimulación brinda placer, indistintamente de la orientación sexual de la
persona, tal como ya se ha mencionado. Asimismo, hay personas que no
desean realizar esta práctica sexual, ya que no se sienten cómodas y bajo
ningún motivo se debe forzar a nadie a realizarla. Respeto es el primer paso
para cualquier encuentro sexual.
La sexualidad humana es tan diversa como las personas habitan el mundo. Las
prácticas sexuales si bien se orientan a la obtención de placer, no hay que
olvidar que deben enmarcarse y basarse en el consenso y el respeto.

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